Un proyecto de investigación de científicos de Chascomús abre un camino  para combatir la toxoplasmosis

Salud 06 de febrero de 2018 Por
Tras recibir un subsidio, de parte de institutos de salud de los Estados Unidos, garantizaron su trabajo de investigación durante los próximos cinco años.
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Científicos del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico Chascomús (IIB-INTECH, CONICET – UNSAM), desarrollan un proyecto de investigación “que tiene como objetivo identificar nuevos blancos terapéuticos contra la infección del parásito Toxoplasma gondii causante de la toxoplasmosis”. A través de la misma, bebés y personas inmunodeprimidas pueden sufrir complicaciones.

El equipo de investigación, recibió recientemente un subsidio de 665 mil dólares por parte de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. Este, les garantizara la investigación durante los próximos cinco años.

Sergio Ángel, líder del equipo y administrador delegado de la sede Chascomús del IIB-INTECH, se refirió al trabajo de investigacion, “desde el Laboratorio de Parasitología Molecular del instituto venimos trabajando desde hace mucho tiempo en la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas contra T. gondii. Con esta ayuda del NIH nuestro foco estará puesto en identificar las proteínas involucradas en la reparación del daño de ADN sufrido durante la replicación del parásito con el objetivo final de diseñar fármacos específicos que lo afecten, pero que no sean dañinos para el humano hospedador”.

“Además, la idea es generar mediante ingeniería genética una línea celular de T. gondii, para implementar un sistema de rápida detección de drogas que ataquen el mecanismo de reparación de su ADN”, agregó.

 “En el marco de un estudio epidemiológico que estamos llevando a cabo en Chascomús, Buenos Aires, pudimos comprobar que el 30 por ciento de las embarazadas que asisten al Hospital Municipal están infectadas por T. gondii. Y a nivel nacional esa tasa puede llegar al 50 por ciento”

A nivel mundial, esta enfermedad crónica, afecta cerca del 30% de la población mundial, aunque los porcentajes varían respecto a los países.

Muchas personas que padecen toxoplasmosis no lo saben, ya que es asintomática,“y las posibilidades de complicaciones clínicas son menores”. Generalmente, la infección es producto de la ingesta de alimentos mal lavados o agua contaminada, ya que “facilita el ingreso del parásito al organismo donde comienza su fase aguda, es decir activa”. Luego de acceder, semanas después “pasa a una forma de quiste” y permanece principalmente en neuronas y músculos esqueléticos, estableciendo una infección crónica.

 “El mayor riesgo lo tienen los niños cuya mamá se infectó por primera vez durante el embarazo – porque en esa etapa el parásito está en su fase activa y puede pasar al feto, lo que hace que el bebé nazca con una infección congénita que puede provocarle problemas neurológicos durante el primer año de vida, por ejemplo -, y las personas inmunodeprimidas, ya que una baja en las defensas facilita que T. gondii se reactive y pase de su fase latente a aguda”, explica Ángel.

A pesar de la alta eficiencia de los tratamientos actuales, son largos y difíciles de tolerar por los pacientes. “En el caso de los niños con infecciones congénitas duran alrededor de un año y, dado que las drogas pueden producir efectos adversos, exigen mucha atención y seguimientos, más aún si tenemos en cuenta que estamos hablando, por ejemplo, de bebés muy pequeños. Una de nuestras perspectivas es también poder encontrar drogas que ataquen la forma crónica de T. gondii”, concluye.

Fuente: CONICET

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