La juventud en el Sistema Educativo

Espacio Joven 13 de agosto de 2019 Por
aula

Los adolescentes solemos quejarnos y criticar al sistema educativo actual en Argentina, solamente encontramos errores sin soluciones, sin embargo la realidad es que nosotros mismos no podemos encontrar un culpable a estas problemáticas.

Son muchos los factores que influyen en la calidad educativa argentina hoy en día, y cada uno de ellos debe llevar un desarrollo intenso para mejorarlos. Desde acciones humanas, metodologías para enseñar, localización de los institutos educativos, y por sobre todo el interés de los jóvenes por aprender y de los maestros por enseñar.

En 2015, el argentino Alejandro Ganimian, quien porta un doctorado en Análisis Cuantitativo de Política Educativa, de la Universidad de Harvard, presentó un informe extenso en el cual analizó los resultados de los exámenes ONE (Operativo Nacional de Evaluación, luego modernizado para convertirse en la Evaluación Nacional Aprender, que se hace todos los años) comparados entre los años 2005 y 2013, demostrando así una lista con los “10 hallazgos claves”.

Estos resultados dieron a conocer algunos datos desalentadores:

● Un alto porcentaje de alumnos entre primaria y secundaria no logra el nivel mínimo de aprendizaje.

● Los estudiantes de La Ciudad de Buenos Aires logran tener, en su mayoría, un alto desempeño, superando así a las demás provincias. Es así también que en la Patagonia y el Centro los niveles llegan a ser extremadamente bajos, y en el Noroeste, los más altos.

● El porcentaje de alumnos de alto nivel estudiantil en primaria se mantuvo casi igual a lo largo de los años, incluso empeoró. Con respecto a la secundaria, no se detectaron cambios notables.

Hoy en día, los datos que proporciona el informe oficial de las evaluaciones Aprender revela datos más alentadores de lo que anteriormente se veía. Las instituciones mejoran en su nivel educativo a lo largo de los años, los jóvenes parecen tener más ganas de aprender.

Comparando los resultados entre el año 2016 y el año 2018, las estadísticas en análisis literario y matemática de 6° año de primaria, no muestran grandes cambios. Hubo una mejora en aspectos del análisis literario, mas en análisis matemático se mantuvieron resultados similares. Es esperanzador saber que tanto en escuelas rurales y estatales se da una mejora notoria. En las escuelas privadas los niveles no cambian demasiado.

Las problemáticas actuales

Estas problemáticas se pueden seccionar en distintos ámbitos (económico, cultural, las metodologías de enseñanza), siendo el social aquel que tiene más peso.

En lo social, el principal motivo es el desánimo de los jóvenes por informarse. Incluso en el presente año, muchos chicos de escuelas estatales y privadas deciden, en el caso más extremo, abandonar sus estudios, o desaprobar las materias. Entre las causas se encuentran:

● Poca motivación a la hora de estudiar. Todos los estudiantes hemos demostrado alguna vez rechazo ante instancias evaluativas. A veces, sienten que no vale la pena esforzarse por tal o cual materia, justificándose con que no sirve aprenderla, que el profesor no evalúa como corresponde, o que se juntan muchas evaluaciones y entregas en poco tiempo, más que nada, a finales de trimestre.

● Las distracciones por el mal uso de tecnología. Si bien el tiempo de ocio es totalmente necesario, los adolescentes por lo general lo distribuimos de manera poco efectiva. Pasamos demasiado tiempo encerrados en las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos y comunicativos, jugando o hablando. Esto conlleva a su vez que nos atrasemos y acabemos elaborando un trabajo básico o estudiando menos de lo necesario.

● El compañerismo en el aula. Cuando uno no se siente cómodo con sus propios compañeros (con los cuales cohabita entre 5 y 8 horas diarias, dependiendo el instituto) suele desmotivarse. Al no existir una buena comunicación, se dificulta poder compartir momentos agradables y trabajar en equipo. En ocasiones, es complicado hasta convivir.

● Los problemas de salud mental. Parecería que hoy en día los jóvenes somos más sensibles a situaciones de estrés, ansiedad, problemas alimenticios, psicológicos o de sueño. A su vez, esto se conecta con la procrastinación, los vínculos familiares y los horarios en la escuela. Tristemente es algo común encontrar mínimo un alumno con condiciones psicológicas desalentadoras. Depresión y ansiedad en su mayoría, rondan las aulas.

● Las situaciones del hogar. Los adolescentes somos susceptibles ante los problemas. Somos esponjas, y traducimos los problemas a nuestro propio comportamiento, creando una personalidad violenta con uno mismo y su entorno. Situaciones de maltrato físico o verbal provocan en los jóvenes el desgano. Incluso a veces, la escuela parece ser un lugar mejor que estar en casa, solo por escaparse de esa situación.

● La terrible diferencia entre escuelas privadas, públicas y rurales. Creo que es uno de los puntos sociales más importantes a tratar. Es triste reconocer que, solo por poder asistir a una escuela paga, se puede tener un mejor nivel educativo. Discriminatorio e indignante. No es un mito que las aulas se caen a pedazos. Pero tampoco podemos negar que tanto la institución, los padres, los docentes y los alumnos tenemos la culpa. Si un joven no es capaz de respetar el lugar donde estudia, ¿a quién va a respetar? “Total, lo arreglan”, “Para algo pagamos a los de limpieza”, “Este colegio no lo vale”, son las excusas más comunes. Esto se transfiere también a las escuelas fuera de la provincia de Buenos Aires. Las escuelas rurales quedan estancadas en ellas mismas, e incluso algunas son de muy difícil acceso para los alumnos. ¿Quién no ha visto un programa de noticiero sobre chicos que deben cruzar ríos para llegar a su escuela, o caminar kilómetros? Lo más desalentador de todo, es que los chicos no suelen tener una oportunidad de poder vivir mejor.

El ámbito económico se puede relacionar con el poco respeto y rechazo que sienten las personas (jóvenes estudiantes y maestros) hacia sus instituciones. A veces, las aulas sólo presentan elementos en estados deplorables, y es imposible arreglarlos porque los vuelven a romper. Esto incluye a los baños sobre todo. Los jóvenes disfrutan destruir, solo por el reconocimiento de clasificarse como un “genio” por actos rebeldes y barbáricos. Esto lo avalan los demás adolescentes, incluso algunos padres también. Así es como la institución no da a basto con algunos gastos. Pocas escuelas logran tener, por ejemplo, un equipo de informática que abarque para un curso de 25 personas.

Otro punto a tratar es la desmotivación de los profesores: es común en las aulas escuchar que les cuesta llegar a fin de mes. En mi experiencia he podido presenciar ver a mis profesores congestionados, con dolor de cabeza, afónicos, y sobre todo, estresados. Sin embargo, no quieren faltar. Es su pasión de enseñar y la necesidad de poder pagar sus respectivos gastos o inversiones la que los mantiene de pie. Al fin y al cabo todos somos humanos.

Al igual que los alumnos sufren el estar en un ambiente emocional negativo, los profesores, preceptores y demás trabajadores de los Institutos sufren igual que los alumnos. Es terrible que los padres se tomen el “derecho” de tratar mal a los profesores solo porque a un hijo le va mal, cuando el culpable no es exactamente el profesor.

Por lo tanto, todas éstas causas evocan la crisis estudiantil que vivimos hoy en día. Solo se encuentran culpables en variables que son distintas para cada persona, cada escuela. Lo importante es jamás dejar de aprender. Ante una sociedad que requiere gente mal informada, es realmente una urgencia aprender y mantener las esperanzas de una comunidad educativa mejor con el pasar de los años. Es una realidad, estamos mejorando. Quizás sean lentos los pasos y suframos retrocesos cada tanto, pero ahí es donde entra el trabajo de los niños, jóvenes y adultos: difundir la esperanza, las ganas de estudiar.

Micaela Obino

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