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Economía 06 de junio de 2017 Por
El 2017 arrancó sin grandes variaciones pero comienza a observarse una leve mejoría
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Venimos de un 2016 de fuertes caídas generalizadas en todos los sectores productivos, en algunos casos, con balances en rojo. Solo un grupo reducido fue favorecido por la devaluación de nuestra moneda.

Para la mayoría de las industrias, sobre todo la textil y la construcción, fue un año flojo; las vinculadas al consumo fueron golpeadas por los bolsillos flacos de los argentinos. En dichos segmentos se sufrió la apertura de las importaciones con precios difíciles de equiparar. En contrapartida, las pocas empresas que se vieron beneficiadas fueron gracias a las exportaciones y a un tipo de cambio competitivo a nivel mundial.

El 2017 arrancó sin grandes variaciones, a la industria todavía le cuesta despegar, pero comienza a divisarse una pequeña mejoría. El repunte es más lento que lo proyectado por el gobierno. En los primeros tres meses esta modesta reactivación se vio capitalizada a través del campo, la construcción -sobre todo la estatal a través de obras públicas- y la energética (gas, luz y petróleo), producto de los aumentos en las tarifas que le dieron mayor margen al sector y menor dependencia de subsidios. A su vez, la industria manufacturera –la más golpeada- comenzó a atenuar el ritmo de su caída.

Las proyecciones para lo que queda del 2017 prevén una recuperación del PBI del 2,5%, una cifra por debajo de las estimaciones oficiales. Todavía resta analizar el impacto de la construcción del sector privado, la cual se cree que cerrará un gran año, impulsada por los créditos hipotecarios indexados por inflación a 30 años (UVA). Además, se espera un gran empujón desde el sector minero y del transporte aéreo, con promesas de grandes inversiones.

El futuro negativo viene de la mano de Brasil –el principal socio comercial argentino-, generando incertidumbre con respecto a las exportaciones industriales que se dirigen al país vecino.

Respecto a la inflación, se estima que rondará el 2% mensual, con una proyección a partir de julio de un 1%, cerrando el año entre un 21% y un 23% anual, permitiendo un repunte en el nivel adquisitivo de los salarios acordados en paritarias. Estos números son levemente superiores a los oficiales que fueron ubicados en un 17% anual por el Banco Central y el gobierno. Con respecto al dólar, se cree que estará llegando a un techo de $17,8 a fines de diciembre, una estabilidad respaldada por la posible inclusión de Argentina como “mercado emergente”, lo que posiblemente generará una euforia financiera y de inversiones. Queda en manos del gobierno capitalizar y aprovechar esta ola de optimismo, pero esto no servirá de nada si no se logra bajar el gasto público y la emisión de deuda para financiarlo.

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